portada libro

Parece claro, y fácil de aceptar, tras un pequeño análisis, por una mayoría de gente, que de la nada no puede resultar algo. Es decir, si algo existe, proviene de una causa antecedente. Si comenzamos a analizar la cadena de causas antecedentes, cualesquiera que nos imaginemos que estas sean, finalmente tendremos que llegar a una primera causa incausada. Parece que haciendo uso de la lógica, no es fácilmente refutable este proceso de razonamiento.

A partir de aquí, el proceso es sencillo. Si algo es primera causa de todo, y por tanto no tiene antecedente, se podría caracterizar de varias formas. En primer lugar, si algo es lo primero, ese algo es lo único. Si algo es lo único, ese algo lo es todo. Si algo es la primera causa incausada y algunos de sus efectos, por lejanos que queramos situarlos, tienen personalidad, entonces ese algo primero también tendrá personalidad. Por tanto, ese algo deja de ser algo para ser alguien. Y ese alguien contiene, al menos en potencia, todo aquello que podemos observar hoy en nuestro mundo de forma actualizada.

El siguiente tránsito puede no parecer tan claro, pero lo intentaremos abordar de la forma más sencilla posible. Si ese algo previo es un ‘alguien’ primero y único, por fuerza tiene que ser también el último, ya que cuando algo es el antecedente de todo, sigue siendo, en esencia, todo, con independencia de la evolución de sus consecuentes, con lo cual, ese alguien actualmente nos abarca de alguna forma. La razón estriba en que si eres primero y único (causa incausada), no eres entrópico. En la acepción coloquial entropía denota capacidad de desorden y corrupción hasta la disfuncionalidad y la extinción. Es decir, si algo no es entrópico, perdura con el orden original e inmanente en sí mismo. Por todo ello, dado el carácter netamente entrópico de nuestro universo (la materia y la forma no permanecen sino que constantemente cambian en degradación y recomposición), debe estar sustentado por ese personalidad previa a dicha materia y forma (a dicho ‘big bang’ si enlazamos con la famosa idea actualmente aceptada de origen de nuestro universo). Si esa personalidad es previa al inicio de la materia y a la forma (y por tanto al espacio y al tiempo), no debe participar de ninguna de las características de la materia, la forma, el espacio y el tiempo, aunque indudablemente las contenga en potencia. Esta afirmación se comprende a partir nuestra propia (humana) conclusión científica de que la materia, la forma, el espacio y el tiempo surgió con esa gran explosión, por lo que “antes”, la realidad carecería de dichos atributos. Convengamos, por mera cuestión práctica, denominar a dicha personalidad con el vocablo “espíritu”, cuya evocación semántica podría ser la que mejor se aproxima a la naturaleza de la causa incausada, por lo que denota de intangibilidad propia de no tener relación con dichos atributos físicos de espacio, tiempo, materia y forma.

Finalmente, este espíritu previo, primero, total y único existente, parece que gozaría, por sus propias características, de los siguientes rasgos: identidad (en el sentido de unicidad causal), personalidad (es causa, entre otras cosas, de personalidades), eternidad (primero, no entrópico y por tanto también último), e infinidad (en el sentido de totalidad y absolutez).

Igualmente, dicha personalidad, por su propia naturaleza, y por su carácter de causa de consecuentes mentales (inteligencia y consciencia), sería mental y sería consciente, y por su atributo de antecedente de todo lo conocido, también sería un ser volitivo, pues hubiera tenido voluntad de establecer su consecuente, todo lo posterior. Y por su naturaleza de ser primero, total y consciente, sería conocedor de todo lo existente, lo cual podría establecerse como que estaría en el conocimiento absoluto, ya que es antecedente, todoabarcante y último de todo lo posterior y, por tanto, absolutamente conocedor de todo ello. Y por su carácter de antecedente de la energía universal, también sería fuente de dicha energía. Abreviadamente podríamos así caracterizar a este espíritu antecedente como la energía-fuente, siempre en el entendido que son meros vocablos inapropiados para denominar a alguien que no podemos conocer desde el rasero intelectual actual.

Otro aspecto de este tránsito que estamos realizando hacia el origen de nuestra realidad, que puede igualmente no parecer tan claro, sería la bondad, la naturaleza amorosa de tal espíritu.

Podría parecer, de la observación de nuestro mundo, que dicho espíritu tendría en sí, en potencia, tanto la maldad como la bondad que contemplamos aquí actualizadas y, de hecho, tal planteamiento parece irrefutable.

Mas tenemos también un hecho que parece claro e irrefutable y que nos podría dar una pauta para entender la naturaleza amorosa de dicha personalidad. Parece claro y comprensible por todo el mundo, que la vida en nuestro planeta, único al que por ahora nuestros sentidos pueden acceder directamente, está inmersa en un proceso evolutivo. Es fácil observar, pese al mal todavía apreciable en el mundo (maldad, injusticia, crueldad, insolidaridad, egoísmo), que éste tiende a remitir, pues de una forma u otra nos vamos organizando de forma que se aprecia una evolución continua. Aunque el pasado siglo ha sido el que más víctimas mortales se ha cobrado en guerras, por ejemplo, no hay más que echar un vistazo a nuestra historia para darnos cuenta de que vamos mejorando, en términos generales, con los regresos, retrocesos e involuciones propias de una evolución en forma de dientes de sierra, aunque con una clara tendencia evolutiva positiva en su proyección temporal.

Esta evolución tiene su razón de ser en que poco a poco vamos prefiriendo el bien al mal. Y esto ocurre porque cada uno de nosotros, internamente, vamos comprendiendo que el bien nos hace sentir mejor. Es decir, en nuestra naturaleza va prevaleciendo la tendencia hacia el bien sobre la tendencia hacia el mal y, poco a poco, lenta y dramáticamente, vamos eligiendo aquello que nos hace sentir mejor, el bienestar general. La razón precisa de tener cada uno de nosotros internamente una brújula, una guía que permite tener el contraste interno que nos inclina hacia el bien sería que el espíritu antecedente de alguna forma elegiría, dada su naturaleza volitiva, en su particular funcionalidad, el bien como identidad genética nativa o constitutiva de sus actividades, fuesen éstas las que fuesen. Además, una elección en ese sentido llevada a cabo por un ser único y total, solamente podría ser llevada a cabo de forma global, es decir, en completa consonancia con las características de su naturaleza absoluta. Así pues, no sería difícil colegir la naturaleza infinitamente amorosa por elección de ese ser, ya que nosotros, como algunos de sus consecuentes, tenemos una tendencia, en términos absolutos y como un colectivo, hacia ella, aunque en términos relativos individualmente y en grupo también tendamos hacia el mal, tal y como se puede observar de la evolución resultante de ambas fuerzas en nuestro mundo.

Dicha naturaleza infinitamente amorosa por elección, por tanto, solamente podría consolidar, en conjunción con los atributos de totalidad y de conocimiento, otro atributo consecuente, que sería el de perfección.

De este modo, también por convenio en utilizar un vocablo que pueda representar los atributos descritos del ‘espíritu’, a partir de ahora resumiremos unos atributos de dicha personalidad, la eternidad e infinidad como “existencialidad”; y otros tales como su bondad, amor y perfección como “divinidad o deidad”. La elección de estos vocablos sería la que más se aproxima semánticamente a dichos atributos y, por ello, los que mejor describen la realidad que quiero presentar, con independencia de su asociación a otros sistemas de pensamiento. Por tanto, podremos referirnos a ese ser primigenio, la divinidad existencial, como el Espíritu Divino, o más abreviadamente, haciendo honor al conjunto de sus atributos, como Dios. El hecho de comenzar a utilizar las letras mayúsculas responde a mi intención, en este punto de la exposición, de denotar el carácter propio (personal), igual que los usaríamos para cualquier otro nombre propio identificativo de cualquiera de nosotros.

Anuncios

portada libro

Una idea predominante entre los hombres de ciencia es que el universo conocido se expande constantemente. De ahí, por múltiples vericuetos, se ha deducido que esa expansión, en un tiempo muy pretérito, debió comenzar con la explosión de un pequeño núcleo de altísima masa. Explosión que con el devenir del tiempo fue atomizando los materiales lanzados como consecuencia de la misma, convirtiéndolos en masas materiales que, debido a la gravedad, fueron apelmazándose hasta formar las estrellas y los planetas dentro de la esfera creada por el radio de la explosión. A dicha explosión se le llamó la gran explosión (‘big bang’). Desde ese momento del tiempo para atrás no surgen nuevas teorías, salvo aquella que establece que la expansión que ahora mismo parece manifestar nuestro universo debido a la fuerza de la explosión inicial, en el futuro se detendrá y, debido a la gravedad, comenzará un proceso inverso de contracción. Dicha contracción produciría el efecto contrario al expansivo y todas esas esferas irían acercándose y fusionándose hasta alcanzar de nuevo ese núcleo primigenio de altísima masa. A esta retroacción se la ha conocido como la gran contracción (‘big crunch’). Así, las hipótesis más aventuradas alcanzarían a explicar el fenómeno como una continua expansión (debida al ‘big bang’) y contracción del universo (‘big crunch’), en intervalos de decenas de miles de millones de años.

Pero como no puede ser de otro modo, las hipótesis sobre las causas previas o antecedentes a ese modelo ‘big bang’ – ‘big crunch’ son descartadas por la ciencia por no tener base empírica sobre la que realizar hipótesis adicionales. No obstante, la filosofía sí se ha adentrado en estimar determinadas respuestas a ese momento previo. Aquí solamente realizaremos una aproximación lógica hasta nuestro objetivo final.

elpequeñotamborilero

 

Hay veces que las letras de las canciones populares provienen de antiguas tradiciones y son adaptadas al momento actual, acoplándoles una melodía encajada. En otros casos, se escriben directamente sobre una melodía previa, intentando adaptar la letra a dicha melodía.

Como quiera que fuese el origen de El Tamborilero, controvertido en este caso, los estudiosos de espiritualidad suelen descubrir, en algunos casos, cómo las casualidades no han jugado en el resultado final de la composición.

Esto mismo debió ocurrirle a Alberto Terrer cuando me dejó un audio de Whatsapp el otro día advirtiéndome, entusiasmado como es él, y algo jocoso, del carácter iniciático de El Tamborilero. Si hubiera sido otro villancico no le habría hecho demasiado caso, pues no me suelen atraer ninguno de ellos. Salvo El Tamborilero.

Al comenzar a analizar mentalmente las breves claves que me dio Alberto, comprendí inmediatamente que el significado de su letra es profundo, y que enraíza en las tradiciones espirituales. Y que siempre me había pasado desapercibido pero, efectivamente, ahí estaba brillante y nítido.

“El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve cubrió”.

Por supuesto, el camino es el retorno, el despertar del sueño de ilusión, la liberación del diseño en el que estamos inmersos actuando la obra oscura que es la historia humana individual y universal, el larguísimo sendero de ascensión. Y Belén simboliza precisamente ese estado de consciencia absoluta de nuestra divinidad olvidada, la reunificación con Dios.

El camino baja desde Dios, que es consciente del sueño de su Hijo, y establece todo tipo de ayudas para que despierte. Y baja hasta el valle, hasta la profundidad del sueño, que es una pesadilla, que representa la oscuridad, es decir, la confusión, el frío alejamiento del Creador, el manto tenebroso que cubre nuestra consciencia.

“Los pastorcillos quieren ver a su Rey”.

El carácter de humanidad surge desde el primer momento en que la criatura animal tiene capacidad de manifestar el deseo de hacer la voluntad de Dios. Aún inconscientemente, el Hijo soñador desea reunirse de nuevo con su Padre Creador. No en vano, Jesús fue la representación del Padre, lo que es evidente aunque solamente sea observando el enorme poder atractivo de su personalidad, que deja una huella indeleble y definitiva en la Historia de la humanidad. Su nacimiento cada año evoca nuestra posibilidad de renacer en el espíritu, única forma de adquirir consciencia de lo que somos, única forma de retornar a Dios.

“Le traen regalos en su humilde zurrón.”

Para Dios el mayor regalo es su Hijo despierto. Así se puede ver en la parábola del hijo pródigo, en el que cuando sale el padre a recibir al hijo, al retornar este de su vida disoluta, mientras el hijo se deshace en disculpas y solicitud de perdón por haber dilapidado su herencia, el padre le abraza y le dice con lagrimas en los ojos: “Hijo mío, mi único tesoro eres tú”. El mayor regalo que puede y quiere recibir el Padre Creador es el despertar de su Hijo, su renacer en el espíritu, algo que hoy en día, en el que la ostentosidad de los regalos y celebraciones lo oculta, pasa tan desapercibido como un humilde zurrón. El mayor regalo (el deseo de ser como su Padre), se lleva depositado en la mente material del hijo, humilde en su confusión y condicionamiento, más con la idea clara de abrazar de nuevo al Padre.

“Yo quisiera poner a tu pies algún presente que te agrade Señor, mas Tú ya sabes que soy pobre también, y no poseo más que un viejo tambor.”

El “viejo tambor” simboliza el más importante regalo a ojos del Padre, totalmente opuesto a lo que el mundo considera un buen regalo, pues lo realmente importante es “el canto de amor” (contenido puro) de su “ronco acento” (burda forma de presentarlo, pero forma irrelevante para Dios). Aquí resurge la actitud del padre del hijo pródigo: “mi único tesoro es el canto de amor con ronco acento que produce tu viejo tambor”, es decir, su hijo renacido en el espíritu, lo que verdaderamente es su hijo, pues el padre sabe “quién es”, y todo lo demás que pudiera rodear al Hijo, salvo su deseo de ser como el Padre, no tiene importancia para este.

“¡En tu honor frente al portal tocaré con mi tambor!”

Es la declaración del hijo, que realiza al Padre, de su firme compromiso de cumplir su voluntad por encima de todo, el mayor tributo, reconocimiento y señal de adoración que se le puede hacer a Dios. Es el comienzo real del camino de ascensión al Padre.

“El camino que lleva a Belén yo voy marcando con mi viejo tambor: nada mejor hay que te pueda ofrecer, su ronco acento es un canto de amor”

El Hijo, ya renacido en el espíritu, ya consciente de su naturaleza, condición y meta, dedica su vida a recorrer el camino de retorno marcando el paso con un canto de amor, sabedor que es el máximo propósito que puede albergar en su vida.

“Cuando Dios me vio tocando ante Él, me sonrió.”

El final de un camino marcado por el mejor regalo que podría llevar a la orilla de la presencia divina, un “canto de amor”, perfeccionando cada vez más el “ronco acento”, transforma a un hijo irreal en el verdadero Hijo, ya al fin reconocido por el Padre, que sale a su encuentro, le sonríe, le abraza y le acoge en su seno de nuevo, como su mejor tesoro, su mejor regalo.

Finalmente, como apunte final, la melodía de El Tamborilero, desde el punto de vista musical, es una encantadora curiosidad, pues utiliza compases de “amalgama”, mezclando los tiempos binario y terciario, para poder parafrasear correctamente la letra con la música. Es decir, que el ritmo musical conlleva en sí la mejor combinación de Hijo (Binario) y Espíritu (Terciario), para llegar al Padre (Unitario).

 

Iván Rodríguez

Coautor del libro:

“Espiritualidad y biocentrismo: una nueva tierra para una nueva compasión”

Orientador espiritual.

portaldebelenjpeg

INTRODUCCIÓN

El veganismo está de moda. Cada vez hay más gente que se declara vegana. Surgen en las grandes ciudades restaurantes veganos, vegetarianos o con ambas opciones. Aunque aún las estadísticas declaran un porcentaje muy bajo de población, son muchas las personas que se sienten atraídas por esta forma de vida respetuosa con los animales.

Las razones que se declaran para hacerse vegano son principalmente dos. En primer lugar, la ético-moral, consistente en abandonar explícitamente el apoyo a la explotación animal, en cualquiera de sus formas. En segundo lugar, la nutricional, pues cada vez son más las noticias relativas a los resultados perniciosos que arrojan los estudios sobre el consumo de carne.

Hoy vamos a aportar una tercera razón, que a mi juicio, y espero que al vuestro también al final de la charla, es fundamental, para hacerse vegano, y esta es el bienestar emocional.

LA MENTE HUMANA

A nadie se le escapa que la mente es algo muy complejo que además de servirnos como forma de relacionarnos con el mundo incorpora el mecanismo por el cual ponemos en juego nuestra propia identidad individual frente a los demás.

El ser humano es autorreferente, lo que implica que es consciente de sí mismo como ente separado de los demás. Además, está dotado conciencia moral, lo que le permite hacer una distinción clara entre el bien y el mal, cualesquiera que sean los fundamentos ideológicos que sustenten estos conceptos para cada persona.

También goza el humano de un grado de inteligencia que le permite, al menos potencialmente, procesar la información sensitiva que proviene del exterior con una memoria y un grado de razonamiento superior al resto de los seres vivos del planeta, lo cual le permite elaborar conceptos, retenerlos, interpretarlos, analizarlos, compararlos, obtener resultados, determinar sus motivaciones válidas y establecer objetivos y propósitos. Y tomar decisiones basados en las conclusiones de todo este proceso, que puede poner en juego de forma efectiva y precisa, cuestión que conocemos como voluntad.

Pero, a pesar de ello, nuestra mente nos parece un instrumento aún difícilmente controlable por nosotros mismos, y es precisamente esa falta de control, que observamos diariamente en nuestra vida, lo que nos lleve a pensar que los seres humanos somos aún criaturas bastante erráticas y complejas.

La falta de control del ser humano sobre sus procesos mentales tiene bastante que ver, entre otras muchas cosas, con la estructura de la mente. Todos nosotros hemos oído hablar de la mente consciente y de la inconsciente.

mente consciente en los seres vivos dotados de cerebro supondría una capacidad básica de procesar la información que proviene del entorno a través de los sentidos, procesarla, y ofrecer una respuesta específica, volitiva, en cierto modo relativamente no condicionada por el automatismo involuntario. En ese sentido, la respuesta que ofrece el ser vivo consciente es mucho más libre que la respuesta que ofrecería un ser vivo sin ese procesador de información y transformador bioenergético que es el cerebro.

La mente inconsciente o subconsciente, por el contrario, supondría, y aquí reside el principal problema de la sensación de falta de control de nuestra propia mente, una respuesta automatizada en función de un enorme almacén de datos no disponible en tiempo real.

La diferencia entre el consciente y el subconsciente se ha asimilado a la diferencia que habría en la memoria ram (memoria que se carga cuando el ordenador se conecta y se descarga cuando se desconecta) y el disco duro (memoria que guarda almacenados todos los datos recibidos del exterior, hoy en día casi exclusivamente a través de Internet).

La parte consciente de la mente, al igual que la memoria ram, se carga de información cuando nos despertamos, poniendo en ella los datos más recientes y relevantes de todos los que se encuentran en el disco duro, y cargado igualmente aquellos programas con los que tenemos que funcionar cada día (programa de alimentación, de vestido, de higiene, de relaciones familiares, de relaciones de pareja, de trabajo, de ocio, etc.).

Y la parte inconsciente de la mente sería ese disco duro, de una capacidad tremenda de almacenaje, en el cual tendríamos almacenados todo tipo de datos y de programas recibidos a través de los periféricos (los sentidos físicos) de esa gran red de datos que sería el mundo externo a nosotros. En este disco duro estarían almacenados todo tipo de programas, de mejor o peor calidad, incluyendo los virus, los troyanos y un montón de porquería cuya recepción, las más de las veces, no ha sido convenientemente filtrada.

Así, desde que nacemos, comenzamos a recibir información que almacenamos en la parte subconsciente de nuestra mente, procedente de nuestro entorno. Así, recibimos información de otras personas (que en el símil serían otros ordenadores), de los libros, noticias e información general sobre el mundo (que en la analogía serían diversas librerías programáticas). También recibimos los sistemas socioculturales que nuestro entorno inmediato nos proporciona (padres, profesores, amigos, desde entornos cercanos y lejanos), que podríamos asimilar a los diversos programas que posteriormente vamos a usar en la mente consciente cuando cada mañana la encendemos al despertar.

Hasta aquí basta la explicación de cómo funciona nuestra mente para darnos cuenta de que, al igual que los ordenadores, en ella, después de varios años de conexión a Internet, podemos haber almacenado una grandísima cantidad de datos y programas, de los cuales vamos recuperando diariamente aquellos que seleccionamos de forma más o menos voluntaria.

Y digo de forma más o menos voluntaria, porque también nos damos cuenta de que muchas veces se cargan datos y programas ocultos que influyen muy directamente en nuestro comportamiento y que son los que nos hacen percibir que, en muchos casos, nuestra mente escapa a nuestro control.

Y aquí puede surgir una pregunta que no tiene fácil respuesta. ¿Quién es el usuario del ordenador personal que cada uno tenemos instalado? La Psicología, la Antropología y el resto de las ciencias sociales se han ocupado de describir como se usa el ordenador por el usuario, pero no han dado respuestas satisfactorias sobre quién es el usuario. Sobre la identidad del usuario han intentado dar algunas respuestas la Filosofía y la Religión, pero no han conseguido dar ninguna tan satisfactoria, a mi juicio, como la ofrecida por la Espiritualidad.

Para los que estén interesados en este tema, les animo a que compren el libro que en breve saldrá a la luz, que hemos escrito Alberto Terrer y yo sobre Animalismo, Biocentrismo y Espiritualidad.

EL PROCESO DEL PENSAMIENTO

Nuestra mente tiene albergadas en su interior una serie de creencias, que en conjunto configuran el sistema de pensamiento que aplicamos en nuestra vida.

Dichas creencias provienen de muy diversas fuentes, aunque en las primeras etapas de la vida de las personas las creencias de tu entorno inmediato familiar y social suelen aceptarse automáticamente, configurando un sistema de pensamiento similar al del resto de la infancia y de la juventud que te rodea. Más adelante, las creencias se van interpretando por el individuo en función de su propia afinidad particular respecto de las mismas, comenzando un proceso de análisis, rechazo y aceptación que van configurando un sistema de pensamiento particular, distinto del heredado.

Las creencias que se tienen determinan directamente nuestras emociones. Ante un mismo hecho objetivo, ante un idéntico acontecimiento, unas personas pueden sentir cosas totalmente diferentes de otras, porque aplican en su interpretación distintos sistemas de creencias, que generan diversas respuestas emocionales. Es prácticamente imposible que dos ordenadores contengan los mismos datos y programas en sus discos duros, por lo que también es muy difícil que, al encenderse, carguen en sus memorias ram los mismos programas y datos. Puede ser que recién comprados, según la marca, el modelo y el momento en que aparecieron, tengan datos y programas muy parecidos, aunque enseguida que comienzan a funcionar las diferencias entre ellos empiezan inmediatamente.

Igual ocurre con nuestra mente. Las diferentes creencias, producto de aprender la aplicación de diferentes reglas a los acontecimientos de la vida diaria producen muy diversas respuestas emocionales ante los mismos hechos, en diferentes individuos.

A partir de una determinada respuesta emocional, el individuo pone en marcha una acción consecuente con dicha emoción. Así, nuestro comportamiento es una consecuencia directa de nuestras emociones, siendo éstas un efecto también directo de un sistema de creencias determinado.

Por último, tanto las emociones que sentimos como el comportamiento que ponemos en marcha a partir de las mismas, determinan directamente nuestra experiencia de vida. Así, ante de la pregunta ¿eres feliz?, uno acude para responderla al recuerdo de sus diferentes experiencias de vida y las sensaciones que tiene de las mismas.

Para cerrar el círculo, ante una mala experiencia de vida, el individuo podría decidir introducir algunos cambios para mejorarla, cambios que supondrán seleccionar un sistema de creencias distinto al tenido hasta ese momento. Nuevo sistema de creencias que determinará nuevas emociones, nuevos comportamientos, y la sensación de una experiencia de vida diferente, que debiera, en la lógica del proceso, ser mejor que la anterior.

Pongamos un ejemplo. Imaginaos una persona, el individuo García, al que le asustan las ratas. Desde pequeño ha recibido información que afirmaba que las ratas eran peligrosas, mordían, te dolía mucho y te podían pegar enfermedades que podría incluso llegar a matarte, aparte de lo asquerosas y feas que eran. Y con ese sistema de creencias relativo a las ratas, un determinado individuo se encuentra un día, de repente, en su cocina, una rata gorda y peluda en el suelo. Ante la visión de la rata, la mente del individuo recupera de repente, de forma abrupta y momentánea, su sistema de creencias sobre la maldad de las ratas, se pega un susto tremendo, da un respingo y le recorre un escalofrío el cuerpo. Es decir, ante la visión de la rata, su sistema de creencias ha inducido una emoción negativa. En cuanto su mente consciente recupera del almacén inconsciente el programa “rata a la vista”, la respuesta emocional producida activa inmediatamente un mecanismo de defensa ante semejante peligro y la acción que sigue, condicionada por la creencia y la emoción, es coger una escoba para matarla. Es decir, la emoción negativa ha producido un comportamiento de ataque. Entonces, la rata percibe el peligro, echa a correr, y se produce una persecución por la cocina, en la que acaban en el suelo un montón de vasos y platos, rompiéndose media vajilla y si me apuras, hasta la batidora y la cafetera. Una vez muerta la rata, el individuo respira profundo, habiéndose librado de semejante peligro mortal, aunque se encuentra fatal por el susto, por las magulladuras al perseguirla, y por el desastre organizado. Cuando se va a dormir, no consigue conciliar el sueño, y comienza, una vez calmado, a notar que le invade una sensación extraña, como de vacío. Finalmente descubre que el desenlace final de este episodio con la muerte de la rata le ha hecho sentirse muy culpable, aunque rápidamente recuerda que ha actuado correctamente, pues a las ratas todo el mundo sabe que hay que exterminarlas porque son malísimas, una plaga. Después, cuando se duerme, tiene una pesadilla con una rata gigante que le persigue para comérselo aunque logra hacerle frente, y cuando va a matarla, descubre que se ha transformado en una niña pequeña e inocente. Despierta de la pesadilla sudando y le cuesta reconciliar el sueño de nuevo. Es decir, la emoción negativa y el comportamiento de ataque consiguiente han producido una malísima experiencia respecto de las ratas. Esa malísima experiencia refuerza su sistema de creencias inicial sobre que las ratas son animales peligrosos que hay que exterminar.

Pero imaginaos que, tiempo más tarde, este individuo García, zapeando por la televisión, descubre un documental sobre animales y recibe una nueva información sobre las ratas. El documental relata que son animales familiares y grupales, que como todos los demás mamíferos protegen a sus crías, que hacen su vida sin atacar a nadie, que habitualmente no portan enfermedades de una forma especial, es decir, de forma diferente a como podrían portarlas otros animales o los seres humanos, etc. El documental le gusta mucho a García y modifica su sistema de creencias sobre las ratas. Esa misma noche, antes de acostarse, ve otra rata en la cocina, pero esta vez, al haber cambiado sus creencias respecto de ellas, la emoción que surge es de curiosidad. La contempla, se dirige a la puerta de la cocina al jardín, la abre tranquilamente y se queda observando. La rata, después de husmear un poquillo por la cocina, se va aproximando a la puerta y acaba saliendo alegremente al jardín, perdiéndose entre las plantas. García descubre que ha sentido una cierta identificación con la rata e incluso un atisbo de ternura, porque se da cuenta de que tanto él como la rata son seres vivos que lo único que quieren es vivir y dejar vivir. Esta vez, respira profundo por el bienestar que le ha producido la experiencia, que ha considerado positiva y refuerza el nuevo sistema de creencias sobre las ratas. Un sistema de creencias muy diferente que le ha hecho tener una experiencia agradable. Se va tranquilamente a la cama, se lo cuenta tranquilamente a su mujer, y se duerme feliz.

LA EMOCIÓN

Como podéis observar, en este proceso del pensamiento las creencias son las que determinan invariablemente que se tenga una u otra experiencia de vida, con lo cual, la nueva información sería el principal detonante de ese cambio. Al detectar que una información correcta puede transformar tu experiencia de vida, te vuelves más proclive a informarte adecuadamente sobre cuestiones que en tu disco duro inconsciente o en tu memoria ram consciente siguen siendo sistemas de creencias condicionantes heredados de la infancia.

Pero si os dais cuenta, el mecanismo fundamental que enlaza todo el proceso es la emoción. La emoción sería la señal que nos permitiría darnos cuenta de si estamos teniendo una experiencia de vida aceptable y positiva o no.

Por eso, la pregunta que podemos hacernos para indagar cuáles son los sistemas de creencias que nos limitan y condicionan es siempre ¿cómo te sientes? Si la respuesta es negativa, podemos afirmar que no estamos teniendo una experiencia de vida positiva y que, por tanto, nuestro sistema de creencias no es el adecuado.

En este sentido, la emoción sería una brújula que nos indicaría hacia dónde evolucionar, y nos permitiría informarnos adecuadamente sobre las cuestiones que nos preocupan, con el fin de poder sustituir los sistemas de creencias limitantes por otros que nos pudieran transformar nuestra experiencia de vida.

LA CULPABILIDAD

La culpa es un virus atroz, sumamente destructivo, que tenemos en nuestro ordenador, es decir, que ensombrece nuestra mente.

La culpabilidad, a poco que reflexionemos sobre ella, descubrimos que tiene siempre un denominador común. Nos sentimos culpables cuando hacemos algo que creemos que está mal. Si indagamos un poco más en los momentos en que nos sentimos culpables, descubrimos que a veces ocurre a pesar de que tu sistema de creencias decía que habías actuado correctamente.

Es decir, a lo largo de nuestra vida, nos podemos dar cuenta de que hemos hecho cosas conforme a nuestras costumbres y creencias arraigadas, familiares y sociales, que no nos hacían sentir bien, que nos hacía sentir culpables. Poco a poco, según vamos madurando, recordamos episodios de la infancia y de la juventud que nos atormentan. Comportamientos crueles que tuvimos en su momento con los demás, que cuando los realizamos era lo que hacía todo el mundo, era lo que había que hacer, pero que, una vez mayores, recordamos con un gran remordimiento.

LA PROYECCIÓN

Ahondando un poco más, podemos identificar que esos comportamientos que nos hacía sentir mal siempre estaban relacionados, de una forma u otra, con el ataque a los demás, o a nosotros mismos, en cualquiera de sus formas.

Eso no significa que no lo sintieses cuando eras un niño y hacías esas cosas. Simplemente, cuando eres niño, la culpa sentida es un dolor tan profundo que no lo soportas. Y para librarte de él, realizas un mecanismo defensivo típico de la mente. Lo ocultas en el inconsciente. Para ocultarlo en el inconsciente, proyectas la culpa que sientes sobre el niño agredido. Le pego o le insulto porque es tonto, es malo, o es de esta forma o de aquella otra. De esa forma, pretendes librarte de la emoción negativa que surge inmediatamente de forma automática cuando atacas o haces daño a alguien, de cualquiera de las formas, por muy leve o sutil que sea.

A esto se le llama el mecanismo defensivo de la proyección, que consiste en intentar librarte de la culpabilidad que sientes por atacar a otro, proyectando sobre él dicha culpabilidad sentida, consiguiendo de esta forma, dejar de ser consciente de que la sufres.

Es decir, mediante la proyección podemos trasladar a la parte inconsciente de nuestra mente la culpa sufrida por un comportamiento inadecuado, que responde a un sistema de creencias pernicioso. De esa forma, podemos seguir actuando ese ataque, que además está completamente asumido por la sociedad como una forma de actuar normal y aceptable (“hay que matar a las ratas porque son malas y todo el mundo lo hace. Si no lo hiciésemos se propagaría la plaga causando graves daños.”)

Un ejemplo en el que se ve muy claramente el mecanismo de la proyección me vino a la mente claramente un día con mis hijos. La niña perseguía al niño corriendo por el parque. El niño iba al menos tres metros delante de la niña. En un momento dado, el niño se tropezó y cayó al suelo. Al levantarse llorando, se enfureció y empezó a culpar a la niña de que le había puesto la zancadilla. Era evidente que la niña no pudo haber hecho eso porque iba muy separada de él, pero el niño se sentía culpable porque se había hecho una herida, había roto el pantalón, se había manchado, y su madre le iba a regañar, porque llevaba tiempo advirtiéndole de que se iba a caer. El miedo a la reprimenda hizo al niño desplazar su culpa sentida proyectándola sobre su hermana como forma de esquivar la culpa y sus consecuencias. Más tarde el niño, ya calmado, se sintió culpable de nuevo (no había logrado esquivar la culpa, aunque lo intentó), y se acercó a su hermana para pedirle perdón por haberla acusado.

El mecanismo de la proyección lo utilizamos constantemente en nuestra vida diaria, sin apenas darnos cuenta de ello.

EL MIEDO A LA EXCLUSIÓN

El ser humano es gregario. Vive agrupado en unidades familiares, tribus, clanes, naciones. La pertenencia a un grupo es tan esencial en la psiquis humana que el aislamiento produce terror, por la sensación de abandono que conlleva. Es la soledad. Por ello, tendemos a intentar ser aceptados por nuestros grupos de acogida. Y para ello seguimos sus sistemas de creencias establecidos, haciéndolos formar parte de nuestra identidad.

Ese cautiverio del grupo es tan potente que muchas veces actuamos en contra de lo que sentimos, con tal de no incurrir en el riesgo de ser rechazados. Esta circunstancia conlleva que tengamos que pagar un alto precio por ceñirnos en nuestro comportamiento a lo dictado por esa referencia externa que son las costumbres establecidas por nuestra comunidad.

Para lograr esquivar el alto precio de la emoción de culpabilidad que sufrimos cuando nos obligamos a seguir las pautas del grupo, utilizamos constantemente el mecanismo de la proyección, que nos permite engañarnos y seguir comportándonos de forma acorde al grupo, aunque nos haga sentir fatal.

Pero la proyección no elimina la sensación de culpabilidad, simplemente la esconde, trasladándola de consciente al subconsciente.

EL DESEO DE REPARACIÓN

Como la culpabilidad no desaparece aunque la proyectes y la ocultes en el subconsciente, desde allí ejerce una maliciosa influencia en nuestro comportamiento. Es decir, aunque hemos logrado mantener nuestra aceptación por el grupo realizando, a pesar de que nos sentimos mal por ello,  aquello que está estipulado, la permanencia del virus en el disco duro actuará veladamente, de forma oculta, sobre todos los programas que se ejecuten, consiguiendo un mal funcionamiento del ordenador y percibiéndose por el usuario una experiencia desagradable, e incluso desastrosa, que podría acabar, con el tiempo, con el colapso de la computadora entera.

La culpa inconsciente va a seguir ejerciendo su perniciosa influencia en nosotros de una forma cruel e inmisericorde.

En nuestro mundo hay una creencia muy arraigada, de la cual nadie se puede librar: el culpable merece castigo, debe pagar por ello. Este es un eje central de nuestro sistema de pensamiento. Por ello, el mecanismo de la proyección, que esconde la culpa pero no la elimina, va a ocasionar que inconscientemente busquemos nuestra forma de reparar aquél daño que consideramos que hemos causado. Si la búsqueda de la reparación es consciente, porque el malestar nos ha hecho buscar información al respecto, se puede producir, al igual que con el señor García, la búsqueda de nueva información que produzca un cambio en el sistema de pensamiento que nos lleve a rechazar aquellas creencias limitantes que nos hagan sentir culpables, que nos deparen unas nuevas emociones ante los acontecimientos que observamos en el mundo, y una nueva reacción ante los mismos, consiguiendo una mejor experiencia de vida: ser más feliz.

Pero si no cedemos a la presión del grupo y seguimos realizando los comportamientos que nos producen culpabilidad y los seguimos proyectando, al final, como el agua que siempre acaba encontrando el camino de salida por algún lado, buscaremos la reparación con la búsqueda del castigo inconsciente.

Esa búsqueda de castigo se producirá de forma velada, a través de múltiples dispositivos que permitan que sea efectiva. Dichos dispositivos, además, procurarán que se aplique un sedante para dejar de sentir la culpa, un sedante que nos lleva a la desconexión emocional, y que de esa forma nos libre, de una vez por todas, de la tortura de la culpabilidad: desde decisiones perjudiciales para nosotros mismos, que atenten contra nuestra salud (consumos adictivos, etc.), hasta asunción de riesgos innecesarios, y todo tipo de comportamientos que acaben en una grave crisis existencial, como expresión final del castigo merecido.

NUESTRA RELACIÓN CON LOS ANIMALES

En nuestro mundo nadie puede escapar de la culpabilidad cuando en su comportamiento existe implícito el ataque en cualquiera de sus formas. A lo más que puede aspirar quien de alguna forma daña a otro ser vivo es a ocultar de su mente consciente, con diversos artificios, todos activados por el mecanismo de la proyección, la insoportabilidad de la culpa. Pero no a librarse de sus perniciosas consecuencias.

Nuestra especie, la más inteligente del planeta, ha tenido una relación con su entorno de dominio y de explotación. En definitiva, de ataque continuo al resto de seres de la misma especie, y de las especies inferiores.

Hoy en día puedes encontrar a gente que, ante la noticia de un cruel maltrato de animales en una granja, no duda en rechazarlo. Pero esa misma persona, sin embargo, en un alarde de incongruencia automática, no duda en justificar que los animales, como seres inferiores, están para servir al bienestar del hombre, y que por tanto, es legítimo explotarlos como artículos de consumo.

Dicha incongruencia se sostiene solamente por la disociación de ideas que supone el mecanismo de la proyección, pues colocar ambas ideas juntas y examinarlas ecuánimemente llevaría a un fuerte desasosiego, e incluso al colapso.

La única forma de evitar la búsqueda de reparación a la culpa inconsciente sentida a través del autocastigo supone examinar nuestra experiencia de vida, llegar a la conclusión de que no es satisfactoria y, como hizo el señor García, decidir emprender la búsqueda de la información suficiente que te permita realizar cambios en tu sistema de creencias, en pos de la congruencia perdida.

Desde la psicoterapia espiritual se tiene meridianamente claro que la única forma de conseguir una paz duradera y una experiencia de vida transformada es evitar aquellos comportamientos que generen culpabilidad.

Cualquier comportamiento respecto de cualquier ser vivo que no sea auténtico respecto, cariño e inclusión como iguales a nosotros nos precipitará por el camino de la proyección y de la búsqueda de reparación a nuestra culpabilidad proyectada.

El veganismo es una filosofía de vida que incorpora dicha sabiduría y permite reencontrar la consistencia necesaria en la vida, una paz que va más allá de los estereotipos aceptados y que se extiende a tu experiencia, otorgándole sentido. Una filosofía de respecto a todo ser vivo que abre la puerta a otras dimensiones de existencia, en las que comienzas a descubrir cuál es tu verdadera naturaleza, y a actuar conforme a ella.

No obstante, el veganismo sería solamente una solución con relación de especie a género del cambio completo de mentalidad que conlleva la búsqueda espiritual. Por ello, Alberto y yo pensamos que debíamos escribir un libro dirigido a la divulgación del animalismo, pero que les ofreciese un una solución global a la búsqueda de un sistema de creencias integral de la persona, que permitiese la evolución personal en general.

Para terminar, voy a incluir una poesía destinada a los animales, relacionada con el cambio de mentalidad que supone la asunción del veganismo como filosofía de vida, poesía especialmente dedicada a los fundadores de Santuario Compasión Animal, Laura Llácer y Alberto Terrer.

Me miras con ojos tiernos.

Ausentes de la maldad del mundo e

inconscientes de la sombra y la ira,

y el desprecio y la indiferencia.

 

Te quiero sacar del infierno.

Quiero un gran cambio de rumbo.

De vosotros, de vuestra olvidada vida.

Porque os aprecio. Con conciencia.

 

La compasión. La peculiar forma de veros uno conmigo.

La ternura. Vuestra inmensa inocencia.

 

Amaros. Retirar la cruel horma del errar cautivo.

Cuidaros. Reparar nuestra fría complacencia.

 

Aportar mi grano a la nueva siembra

de la común filiación con nuestro destino compartido.

 

Y contarlo a los cuatro vientos.

 

Y decirlo a unos y a cientos.

 

E instaurar en nuestro mayor altar

la forma nueva. El amor debido.

Saldar la deuda de respeto.

 

Hermanarnos con el mundo animal.

Abandonar su vivir dolido.

Darles por fin un poco de paz, cariño y asueto.

 

Y enseñar a los niños la regla de oro,

que la vida no es vida si no es para todos.

 

Y enseñar a los viejos la redención en vida,

que pueden amar aún a todo, sin medida.

 

Y enseñar sobre todo en qué estriba ser feliz,

en darlo todo por el que más lo necesita.

El que menos tiene en la esforzada vida.

Caminar junto a él sin truco ni ardid.

 

Y gritarlo con el arma del ejemplo.

Y ofrecértelo, querido animal, como mi tributo cierto.

Iván Rodríguez

Facebook: Prospector Ucdm – Eldu

Novelista, ensayista y crítico francés cuya obra maestra, la novela En busca del tiempo perdido constituye una de las cimas de la literatura del siglo XX, enormemente influyente tanto en el campo de la literatura como en el de la filosofía y la teoría del arte.

Novelista, ensayista y crítico francés cuya obra maestra, la novela En busca del tiempo perdido constituye una de las cimas de la literatura del siglo XX, enormemente influyente tanto en el campo de la literatura como en el de la filosofía y la teoría del arte.

Categoría: TRISTEZA Y PESIMISMO

Autores: PROUST y WARD.

Ver sobre MARCEL PROUST y WILLIAM ARTHUR WARD en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Marcel_Proust
http://es.wikipedia.org/wiki/William_Arthur_Ward

CITAS:

PROUST: “Las penas son servidores oscuros, detestados, contra los que luchamos, bajo cuyo imperio caemos cada vez más, servidores atroces, imposibles de sustituir y que, por vías subterráneas, nos llevan a la verdad y a la muerte. ¡Dichosos aquellos que han encontrado la verdad antes que la muerte y para los que, por próximas que deban estar una de otra, ha sonado la hora de la verdad antes que la hora de la muerte!.”

WARD: “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.”

COMENTARIO:

En realidad, la primera cita es el objeto de este comentario, aunque por el interés que tiene la segunda en su modulación o complemento de la primera, estoy tratando ambas en conjunto.

La tristeza proviene de no reconocerte a ti mismo. Cuando no te reconoces actúas desalineado y perdido, en contra de tu naturaleza. El desajuste produce confusión, y la confusión, desesperanza, y la desesperanza, tristeza.

Es importante resaltar que este desconocimiento, este desajuste y esta desalineación pueden producirse en muy diferentes niveles psicológicos, mas siempre ocurre, independientemente del nivel en que se produzcan, cuando desconoces la naturaleza de tu participación en una determinada cuestión y, por ende, su propósito. Por supuesto, ni que decir tiene, que la naturaleza de tu participación en una determinada cuestión varía en función del sistema de valores y creencias que la sostienen. También es conveniente matizar que, si dicho sistema de valores y creencias no es la verdad, es precisamente el desajuste lo que produce una catarsis que permite el replanteamiento de un nuevo sistema de valores y su cambio.

Así, por poner un ejemplo, en un sistema de valores y creencias en el que los hijos fundamentalmente obedecen, respetan y cumplimentan a sus padres, los cuales preponderan la disciplina sobre en cariño en su educación, el desconocimiento de tu naturaleza y propósito en tu rol de hijo puede llevarte a un comportamiento inadecuado en ese entorno, que produzca un desajuste que te lleve a la confusión, a la desesperanza y a la tristeza. Mas son precisamente las consecuencias del desajuste lo que abre la posibilidad de que se comience a cuestionar ese particular sistema de valores y creencias que hipervalora la disciplina sobre el cariño.

En otro nivel psicológico, y con otro ejemplo dispar, un sistema de valores y creencias en que la salvación espiritual venga marcada por la doctrina religiosa que preconiza la pecaminosidad originaria, la consiguiente culpabilidad y la expiación por la vía del sacrificio para obtener la redención de tu alma manchada, que te permita presentarte purificado ante una divinidad que juzgará tus pecados y aciertos, puede llevar a las personas de este entorno a ese mismo desajuste, que llevará a la confusión y desembocará en la desesperanza y la tristeza. Pero es sin duda la aparición del desajuste lo que permite la puesta en duda de ese sistema de valores y creencias basado en el miedo.

En un tercer ejemplo, pongamos que un sistema de valores y creencias establece que un gran abanico de las circunstancias existenciales (tu entorno familiar, social y económico-cultural de nacimiento, tu físico, tu personalidad, tu incapacidad ante los deseos y los problemas, la injusticia del mundo, la desidia de la sociedad ante los necesitados, etc.) son fijas e inamovibles. Que nos vienen dadas de forma aleatoria, sin que tengamos nada que ver con ellas, con su origen ni con su solución. Que nuestra relación con ellas es también aleatorio o impuesto y, por tanto, está vedado a que podamos influir de ninguna forma sobre el mismo. Evidentemente, pensar que lo que experimentamos en esa vida es impuesto por circunstancias externas o aleatorio, estando fuera de nuestro alcance su solución, puede llevarnos a un serio desajuste que transite por la confusión, hacia la desesperanza y hacia la tristeza. No obstante, no es otro que ese desajuste el que puede despertar la inclinación a buscar la verdad en otra dirección.

Es interesante que observemos que para aquellos que acepten plenamente los sistemas de valores y creencias establecidos en esos tres ejemplos en sendos niveles psicológicos, no se manifestará ese desajuste de forma clara y consciente. Al permanecer oculto, es posible que no desemboque en confusión, ni desesperanza, ni tristeza. De esa forma, los individuos, en esos respectivos niveles psicológicos, podrán disfrutar de una felicidad acorde al sistema de valores y creencias que respetan y siguen.

Pero, consistiendo nuestra experiencia en múltiples niveles psicológicos, lo que puede ser alcanzar la felicidad en un determinado nivel como consecuencia de la aceptación del concreto sistema de valores y creencias establecido (por ejemplo, en el rol de hijo disciplinado), no dejará de constituir un desajuste en otros niveles más profundos de la mente, “tapados” o inconscientes, desajuste que, aunque ocultado de forma deliberada, pasa a la clandestinidad organizando desde allí la resistencia de guerrilla del condicionamiento inconsciente. Esta guerrilla a la que nos someterá nuestra mente de segundo plano nos llevará a los mismos desajustes, confusión, desesperanza y tristeza que en el caso en que no se acepte dicho sistema, pero de forma oculta, subterránea, corroyendo poco a poco las defensas mentales de ocultación y autoengaño contra ella, hasta llegar a la crisis final, similar a la muerte.

Esta es la situación que describe magistralmente Marcel Proust con su inspirada cita.

Un sistema de valores y creencias limitante que se acepta, ocultando los desajustes que produce, nos conducirá a una felicidad ficticia, válida solamente en ese reducto ideológico, conduciéndonos a una inconsistencia soterrada, que impedirá que hallemos la verdad de ese aprendizaje antes que la muerte. De esa forma, la falta de cuestionamiento nos impedirá ir obteniendo los sucesivos aprendizajes que tenemos esperándonos en cada acontecimiento, en cada situación, en cada sistema de valores rígido que se nos presente. De esa forma nos llegará la muerte sin haber obtenido esa verdad parcial que nos vaya liberando de las ataduras.

Por el contrario, los desajustes que producen los sistemas de valores y creencias no verdaderos pueden servir para realizar cuestionamientos de nuestra realidad que produzcan catarsis que nos lleven a superar las limitaciones de esos sistemas de valores y creencias condicionantes y transitemos hacia una verdad superior, en otro nivel, vez tras vez, experiencia tras experiencia, aprendizaje tras aprendizaje, hasta llegar, finalmente, a la última Verdad.

Por tanto, la tristeza puede ser un detonante que desencadene el cuestionamiento necesario para liberarnos de sistemas de valores y creencias atenazantes. Pero también puede ser, si se la ignora y se oculta (la desconexión de la emoción juega un papel fundamental en este proceso), que nos lleve a un autoengaño solapado que nos impida tomar consciencia superior.

CODA sobre la cita de WARD:

Autor de "Fuentes de la fe" y uno de los escritores estadounidenses más citados a la hora de encontrar frases célebres sobre la inspiración.

Autor de “Fuentes de la fe” y uno de los escritores estadounidenses más citados a la hora de encontrar frases célebres sobre la inspiración.

El conocimiento humano evoluciona a base de la curiosidad, del replanteamiento, de la confrontación. El pesimismo nos lleva a cerrar las cancelas a través de las cuales se manifiesta el cambio y el aprendizaje. El pesimismo nos llevaría a no desplegar las velas por la convicción de que el viento nunca llegará. El optimismo nos mantiene abiertas y despejadas esas cancelas, de forma que los aprendizajes pueden aparecer, a la vista, en forma de viento liberador. Mas no basta con la comprensión intelectual de que el viento puede aparecer. Es necesaria la actitud activa que permita apoderarse del viento liberador. Es necesaria la elección, es imprescindible poner en práctica tu apertura mental, es primordial darse cuenta de tu responsabilidad en todo proceso de aprendizaje y recuperar tu poder transformador.

Solamente recuperando tu protagonismo en todo proceso, comprendiendo tu papel fundamental y toda experiencia y en todo aprendizaje cuya oportunidad se te brinde, podrás alcanzar la Verdad antes que la muerte.

Prospector Ucdm.

Nietzsche

Nietzsche

Categoría: DOLOR
Autor: NIETZSCHE.

Ver sobre la NIEZSTCHE en http://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Nietzsche

Cita:
“En el dolor hay tanta sabiduría como en el placer: ambas son las dos grandes fuerzas conservadoras de la especie.”

Comentario:

Esta afirmación es fiel al estilo contradictorio de Nietzsche en la exposición de su pensamiento y puede fácilmente enlazarse con su afirmación de que “Dios ha muerto”, refiriéndose al dios judeo-cristiano, el vengativo y cruel Yahvé, muerte que hará sumirse, según su concepción, a la humanidad en el nihilismo (negación de lo que pretenda un poder superior). Así, el filósofo niega la supremacía de ese dios que el hombre ha proyectado, atribuyéndole la crueldad y la maldad que no soporta ver en sí mismo. Lo que ocurre es que el gran pensador queda huérfano pues su pensamiento no se dirige, entonces, hacia un concepto trascendente de Dios como fuente o fuerza creadora sino que se sumerge en las oscuridades del superhombre.

La cita de Nietzsche puede entenderse, como cualquier concepto o idea de este mundo, en dos niveles diferenciados, marcados cada uno de ellos por propósitos diferentes.

En primer lugar, viendo la afirmación desde el punto de vista de su explicación mundana, el autor establece que del dolor se obtiene un gran aprendizaje, pues enseña a los hombres a huir de todo aquello que produce sufrimiento, haciendo que valoren los logros y las metas obtenidos debido al inmenso dolor que ha ocasionado conseguirlos para otras personas que se han sacrificado por dichas metas para que las puedan disfrutar las generaciones venideras.

Por otra parte, de forma irónica, establece la comparativa con el placer, pues identifica éste con la frivolidad que supone que sea el gran motor del mundo, de forma que, con esta afirmación, el autor nos traslada su visión sarcástica de nuestra existencia, en el que tristemente los principales motores son aquello que todo el mundo quiere evitar ya que es muy común (el dolor) y aquello que todo el mundo persigue aunque casi nadie consigue (el placer).

En segundo lugar, contemplando la afirmación desde el punto de vista del sistema de pensamiento del espíritu, la afirmación es acertada o visionaria, pues realmente, la visión trascendente de nuestra experiencia hace comprender cabalmente que cualquier emoción que contribuya a dar carta de realidad a nuestro mundo, ya sea dolor, ya sea placer, lo que consigue es distraernos del único propósito válido que pueda tener esta vivencia que tenemos, propósito que es darse cuenta de la irrealidad de la vivencia y de nuestra responsabilidad en lo que percibimos, permitiendo con ello, comprender cada vez más acertadamente lo que nos acontece y poder finalmente despertar de esta experiencia irreal.

Prospector Ucdm.

Foto

COMENTARIOS de GRANDES CITAS de PERSONAJES HISTÓRICOS según una VISIÓN TRANSPERSONAL

Categoría: SONRISA
Autor: ANÓNIMO.

Ver sobre la SONRISA en http://es.wikipedia.org/wiki/Sonrisa

CITA:

“Una sonrisa no cuesta nada y sí crea mucho. Enriquece a quienes la reciben, sin emprobrecer a los que la brindan. Sucede en un instante y algunas veces su recuerdo permanece para siempre. Nadie es tan rico ni tan pobre que pueda seguir adelante sin ella, pero todos se enriquecen con sus beneficios. Crea felicidad en el hogar, alienta la buena voluntad en un negocio y es la contraseña de los amigos. Es un alivio para los cansados, luz para los desalentados, calor para los tristes y el mejor antídoto de la naturaleza para los problemas. Sin embargo, no se puede comprar, pedir, prestar o robar, ya que no es un bien terrenal para alguien hasta que no se da. Nadie necesita tanto una sonrisa como aquellos que no han reservado ninguna para darla.”

COMENTARIO:

“La sonrisa a la que aquí nos referimos es la sonrisa sincera o espontánea. Cuando se entrega de esa forma es el mejor mensajero de amistad, paz y cordialidad que podemos enviar. Es un síntoma que acredita que la persona que la presta tiene una percepción clara y positiva de lo que sucede. Es señal de que se han dejado de lado todas las distorsiones oscuras de nuestra mente, que se han obviado las cuestiones del pasado que nos hacen sentir culpables o que nos hacen condenar, que se pasan por alto las circunstancias irrelevantes, que se reconoce la vacuidad efímera de cualquier problema que nos depare esta vida, pues se tiene la visión clara de la realidad trascendente.

El autor de la frase, cuya identidad no ha trascendido a la historia (sería que una persona que sabe lo que implica una sonrisa tiene clara la poca importancia de la identidad que manejamos en este mundo), no deja de ser un gran personaje de la misma, pues ha contribuido a que la gente comprenda lo importante que es mostrar a los demás una sonrisa y lo que supone una sonrisa sincera para quien la ejercita.

Como dice el autor de la frase, <<Una sonrisa no cuesta nada…>>, pues conoce que nuestra inclinación por la falsa importancia del mundo externo hace que la sociedad haya considerado en muchas ocasiones la sonrisa como un símbolo bobalicón o frívolo. La sonrisa, efectivamente, no cuesta nada <<… y sí crea mucho>>. La afirmación completa es sabia pues quien está entregando una sonrisa sincera no solamente muestra una mente limpia e inocente sino que, al entregarla, el primer beneficiado de sus efectos es él mismo. El que sonríe está enseñando a los sonreídos que no hay causa suficiente en este mundo para sentirse afligido. Les está mostrando, en un nivel de comunicación profundo desencadenado por este maravilloso gesto, que nuestras aflicciones en realidad no tienen sustento moral. Una sonrisa les hacer ver claramente que no merece la pena ensalzar la tristeza, el miedo o el odio pues sus caminos llegan a finales sombríos, a jaulas de tinieblas de las que puede resultar difícil escapar. ¿Por qué la sonrisa <<… crea mucho.>>? Pues sencillamente porque reafirma en quien la sirve esta profunda enseñanza, quizás en muchos casos inconsciente, de que lo que recibe a cambio es siempre la dicha multiplicada. Y también sencillamente porque enseña a los que la reciben lecciones sobre su propia inocencia, una inocencia reivindicada por un nivel de nuestra mente que sabe de ella, una inocencia que nuestra experiencia diaria se encarga de socavar continuamente.

El autor tiene claro que la sonrisa <<Enriquece a quienes la reciben, sin emprobrecer a los que la brindan.>> pues sin duda ha experimentado ambas verdades de ida y vuelta: que para poder dar la dicha, primero tienes que tenerla, pues no puedes dar lo que no tienes; y la inversa, que para poder tener la dicha, no hay nada mejor que darla, pues, al compartirla, eso hará que se extienda y, por tanto, se refuerze su concepto en ti.

También tiene claro es autor el extraordinario poder revelador de una sonrisa, pues <<Sucede en un instante y algunas veces su recuerdo permanece para siempre.>> No le es ajeno al autor de la frase que una sonrisa puede ser el mejor regalo que podemos hacer a una persona. Que puede detonar en ella la mecha de la comprensión superior. Que puede desencadenar el comenzar a darse cuenta de que tras este mundo de valores aparentes existe una verdad oculta, pero accesible, que te habla de tu verdadera naturaleza, de tu inmortalidad, tu compleción, tu plenitud y tu inocencia. No en vano muchas enseñanzas espirituales ensalzan la sonrisa como una potente y eficacísima forma de comunicación que, sin palabras, puede llevar a las personas a un entendimiento que acelere su evolución personal.

Igualmente, el autor es consciente de que la sonrisa no puede ligarse a un determinado status económico o social al afirmar que <<Nadie es tan rico ni tan pobre que pueda seguir adelante sin ella, pero todos se enriquecen con sus beneficios>>, pues comprende claramente que el valor de una sonrisa sincera trasciende absolutamente lo material, alejándose de la idea de “obtener para tener” y acercándonos esa otra de “dar para tener”, que nos lleva a “tener tu Ser”.

A continuación el autor enumera las principales bondades de la sonrisa: <<Crea felicidad en el hogar, alienta la buena voluntad en un negocio y es la contraseña de los amigos. Es un alivio para los cansados, luz para los desalentados, calor para los tristes y el mejor antídoto de la naturaleza para los problemas>>. En realidad esta enumeración nos lleva a una verdad metafísica muy profunda: La sonrisa es el mensajero del amor y el amor es nuestra auténtica naturaleza trascendente. Cuando actuamos conforme a nuestra naturaleza amorosa aumentamos nuestra dicha y la de los que nos rodean. Cuando actuamos en contra de dicha naturaleza amorosa, actuamos “contra natura” y nos sumergimos en la oscuridad.

El autor a continuación nos advierte de nuevo de que <<Sin embargo, [la sonrisa] no se puede comprar, pedir, prestar o robar, ya que no es un bien terrenal para alguien hasta que no se da.>>, indicándonos de nuevo que la sonrisa sale fuera del comercio de los bienes materiales, pues a diferencia de ellos, no se puede obtener, no hay forma de apropiarse de ella, pues el único modo de obtener sus beneficios es recibirla de forma espontánea y sincera o darla de igual forma, pues es un mensajero del amor.

Acaba el autor haciendo una observación que es una mera conclusión final, una consecuencia inevitable cuando se comprende el extraordinario poder de la sonrisa, y es que <<Nadie necesita tanto una sonrisa como aquellos que no han reservado ninguna para darla.”>>, pues quien no la da no puede recibir sus beneficios. Quien no la da no puede realizar de ninguna forma la extraordinaria experiencia de actuar conforme a tu naturaleza amorosa y ser consciente de ello. Se queda privado de la tremenda dicha que resulta, por vía única, de tratar a los demás como si fuesen tú mismo.

Por mi parte, nada más añadir que una persona dichosa suscita en los demás inmediata y automáticamente esa dicha, que responde a haber emprendido un camino sin retorno, un proceso de comprensión clara y profunda de lo que realmente está en juego en nuestra experiencia del día a día, un entendimiento profundo de cuál es tu naturaleza amorosa y de que la única vía posible es actuar conforme a ella. Una alineación a tu interior que te marca claramente el único propósito válido de tu existencia.

Prospector Ucdm.

Fontenelle

Categoría: PLACER
Autor: BERNARD LE BOVIER DE FONTENELLE.
Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Bernard_Le_Bovier_de_Fontenelle

“Los placeres son para pasar por encima de ellos rozándolos. Se asemejan a terrenos pantanosos por los que se debe caminar ligeramente sin osar hundir los pies en ellos.”

Comentario:

“La evolución espiritual debe realizarse en dos fases diferenciadas.

En primer lugar, se debe salir de la senda del sacrificio, de la sensación de carencia, de poca valía y de vacuidad, dejando a un lado la falsa humildad de considerarnos inferiores, indignos o no merecedores.

En segundo lugar, una vez abandonada la actitud de autocastigo, una vez que nos hemos permitido ser abundantes, superiores, merecedores y valiosos, llegaría el momento de darse cuenta de que tampoco seremos felices con este tipo de personaje, pues la única fuente de dicha será el interior, a cuyo través concluiremos que sólo el abandono de todo personaje y el descubrimiento de nuestra auténtica identidad trascendente nos permitirá darnos cuenta de la futilidad de todas las condiciones externas, ya sean estas fuente de sufrimiento o de placer.

En tal sentido, el tránsito entre una vida de sacrificio a otra de placeres no es suficiente, pues cuando vayamos alcanzando todas las metas del mundo nos daremos cuenta de que nuestra sensación de vacío permanece, comenzaremos a darnos cuenta del reverso oscuro de los llamados placeres del mundo y a entender que solamente el abandono de todo ídolo externo nos traerá la paz.

Así, la frase de LE BOVIER DE FONTENELLE demuestra una observación certera de la realidad, de aquél que descubre, a través de las sensaciones que le dejan los excesos, que el sueño feliz no consiste en el abuso desmedido de los placeres físicos o intelectuales, sino en emular nuestra auténtica naturaleza, en considerar a los demás como parte de nosotros mismos, en fomentar la comunicación, en independizarnos de todo criterio impuesto y experimentar por nosotros mismos cuál es el camino que nos conduce a la paz y a la dicha.”

Prospector Ucdm

Foto Amado Nervo

COMENTARIOS de GRANDES CITAS de PERSONAJES HISTÓRICOS según UN CURSO DE MILAGROS

Categoría: ALEGRÍA Y TRISTEZA
Autor: AMADO NERVO.

Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Amado_Nervo

“Si eres pequeño, alégrate, por que tu pequeñez sirve de contraste a otros en el universo, porque esa pequeñez constituye la razón esencial de su grandeza, porque para ser ellos grandes, han necesitado que tú seas pequeño, como la montaña para culminar necesita alzarse entre colinas, lomas y cerros.
Si eres grande, alégrate, porque lo inevitable se manifestó en ti de manera más excelente, porque eres un éxito del artista eterno.
Si eres sano, alégrate porque en ti las fuerzas de la naturaleza han llegado a la ponderación y a la armonía.
Si eres enfermo, alégrate, porque luchan en tu organismo fuerzas contrarias que acaso buscan una resultante de belleza porque en ti se ensaya ese divino alquimista que se llama el dolor.
Si eres rico, alégrate, por toda la fuerza que el destino ha puesto en tus manos para que la derrames…
Si eres pobre, alégrate, porque tus alas serán más ligeras, porque la vida te sujetará menos, porque el Padre realizará en ti más directamente que el el rico el amable prodigio periódico del pan cotidiano…
Alégrate si amas, porque eres más semejante a Dios que los otros.
Alégrate si eres amado, porque hay en esto una predestinación maravillosa.
Alégrate si eres pequeño, alégrate si eres grande, alégrate si tienes salud, alégrate si la has perdido, alégrate si eres rico, alégrate si eres pobre, alégrate; alégrate si te aman; si amas, alégrate; ¡alégrate, siempre, siempre, siempre!”

Comentario:

El poema se expresa, en general, en el sentido de proyección en el que se expresa este mundo (“… porque lo inevitable se manifestó en ti…”, “… eres un éxito del artista eterno…”, “… en ti las fuerzas de la naturaleza han llegado a la ponderación y a la armonía…”, “…toda la fuerza que el destino ha puesto en tus manos…”, “…el Padre realizará en ti más directamente…”), es decir, con ausencia del concepto de responsabilidad, por lo que claramente está escrito desde este nivel primario de experiencia.

A partir de ahí, sin embargo, Amado Nervo pone de manifiesto una serie de conceptos esenciales para la evolución, como la dicha y la aceptación.

Así, con independencia de que la expresión de la dicha (“alegría” en palabras del poeta) deba ponerse de manifiesto por cuestiones más o menos inspiradas desde el punto de vista de crecimiento interior, si es cierto que establece la dicha como algo tendencial, y en eso acierta.

Así, en cada uno de los diferentes niveles de comprensión y de asimilación e integración de conceptos espirituales que se tengan, la dicha como conclusión es un planteamiento integrador.

Aquí Amado Nervo no deriva la dicha de un conformismo pasivo, sino de un aprendizaje, de darse cuenta de que existe una armonía subyacente a cualquiera de las ilusiones del ser humano (seas grande, seas pequeño, seas rico, seas pobre, estés sano o enfermo…); de entender finalmente que la dicha puede ser el vehículo por el que trasciendes cualquier situación, pues en el fondo todas son finalmente iguales a los efectos de la dicha, pues la dicha no depende de ninguna de ellas, pues es un valor trascendente, independiente.

De esta forma, Amado Nervo deja traslucir una enseñanza espiritual profunda, pues hace depender nuestra dicha de un planteamiento ajeno a las veleidades “del destino”, es decir, ajeno a lo externo, exhortando a la humanidad a volcarse en ese aspecto interior, esa referencia interna profunda e inmutable de la cual se puede obtener la sabiduría más consistente.

Así, incluso desde el nivel de la proyección (de la ausencia de responsabilidad en su planteamiento, de que somos nosotros mismos los que determinamos nuestra realidad) en que se expresa el poema, se marca un camino al final del cual puede fácilmente inferirse dicha responsabilidad: la dicha como colofón final de todas las experiencias, como comprensión última de que tu vivencia depende de tu forma de interpretar los acontecimientos. Así, en “Si eres enfermo, alégrate, porque luchan en tu organismo fuerzas contrarias que acaso buscan una resultante de belleza porque en ti se ensaya ese divino alquimista que se llama el dolor.” En este pasaje se expresa con gran belleza cómo el dolor puede ser el detonante de un aprendizaje que produzca un entendimiento, una transformación, que derive indefectiblemente en la felicidad, al atisbar cómo cualquier revés mundano puede ser interpretado con la visión del espíritu.

Ese mismo aprendizaje se insinúa a partir de otras estrofas del poema, que dejan traslucir en sus palabras conceptos básicos de espiritualidad, siempre que se realice una interpretación en tal sentido:

– Dar es obtener: “Si eres rico, alégrate, por toda la fuerza que el destino ha puesto en tus manos para que la derrames…”
– Interpretar constructivamente la pobreza como menores resistencias a abandonar las ilusiones, como una mayor facilidad de mirar al interior al no distraerte con lo fútil y perentorio: “Si eres pobre, alégrate, porque tus alas serán más ligeras, porque la vida te sujetará menos, porque el Padre realizará en ti más directamente que el el rico el amable prodigio periódico del pan cotidiano…”
– Somos creaciones divinas, somos Amor: “Alégrate si amas, porque eres más semejante a Dios que los otros.”
– El descubrimiento final de tu auténtica naturaleza y de que, según ella, sólo puedes ser amado: “Alégrate si eres amado, porque hay en esto una predestinación maravillosa.”

Así pues, este poema de Amado Nervo es muestra de un momento de gran clarividencia por parte del poeta, de una conexión profunda con niveles de su mente en los que se manifiesta una gran sabiduría. Un poema, en fin, que puede ser una fuente de inspiración para todos aquellos que lo lean con la mente abierta e interpretándolo en consonancia con el espíritu.

Foto

Categoría: ALEGRÍA Y TRISTEZA
Autor: LUCIO ANNEO SÉNECA.

Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Séneca

“Nunca creas feliz a nadie que esté pendiente de la felicidad. Se apoya en una base frágil quien pone su alegría en lo adventicio: el goce que viene de fuera, afuera se irá. Por el contrario, aquel que nace de uno mismo es fiel y firme, y crece, y nos acompaña hasta el fin”

Comentario:

El ego busca para no hallar.

Esa personalidad oscura resultante de nuestro deseo de vivir el sueño de la separación proyecta un mundo externo que nos parece real y en el que sitúa nuestras metas para conseguir la felicidad: dinero, belleza, poder, placeres, comodidades y bienes materiales.
Ni siquiera admite que poseamos dichos ídolos de abundancia en primer término, sino después de una buena dosis de sacrificio y sufrimiento para conseguirlos.

Con tal de que no nos demos cuenta de lo que realmente ocurre, esa personalidad que cada uno de nosotros hemos inventado, irá permitiendo que vayamos consiguiendo los objetivos del mundo, como caramelo que se ofrece al mono después de la actuación circense.

Con ello el ego busca ocultarnos el lugar donde se sitúa la puerta de nuestro despertar, que es nuestro interior, aquella referencia interna que nos proporcionará la paz, como única vía para comprender la insustancialidad del mundo de ilusión.

En este sentido Lucio se muestra muy lúcido, pues se da cuenta de que los placeres del mundo no bastan, sino que son solamente una primera fase de corrección de nuestra atracción por el sacrificio, pero que no pueden ser la base de nuestra felicidad, pues una vez conseguidos, nos dejan sumidos en el mismo vacío que sentíamos antes de alcanzarlos.

Iván  – Prospector Ucdm